Las Grandes Represas simplemente no valen lo que cuestan

Septiembre 6, 2014 en Destacadas, General, Notas por MesaNALR

THAYER SCUDDER, la mayor autoridad mundial acerca del impacto de las represas en personas pobres, ha cambiado su opinión acerca de las represas.

Un consultor frecuente en proyectos de grandes represas, el señor Scudder tuvo la esperanza durante la mayoría de sus 58 años de carrera, que el alivio de la pobreza brindado por una represa adecuadamente construida y manejada, podría compensar los daños sociales y ambientales que causaría. Ahora a sus 84 años, ha concluido que las grandes represas no solo no valen lo que cuestan, sino que muchas de las que están en construcción “tendrían desastrosas consecuencias ambientales y socio-económicas”, tal como escribió en un reciente correo electrónico.

En línea:http://www.nytimes.com/2014/08/24/opinion/sunday/large-dams-just-arent-worth-the-cost.html?emc=eta1&_r=0

(*) Traducción libre por Astrid Puentes Riaño, Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente, AIDA.

represa

Vista aérea de la represa Kariba entre Zambia y Rodesia, ahora Zimbabwe, circa 1965. Crédito Paul Popper/Popperfoto — Getty Images.

Por Jacques Leslie, 22 de agosto de 2014

El Sr. Scudder, profesor de emérito antropología del Instituto Tecnológico de California, describe que su desilusión con las represas fue gradual. Él era un proponente de represas cuando comenzó su primer proyecto de investigación en 1956, documentando el impacto del desplazamiento forzado de 57,000 indígenas Tonga en el Valle Gwembe de lo que es hoy Zambia y Zimbabwe. La construcción de la represa Kariba, que se apoyó en lo que fue en ese momento el mayor préstamo en la historia del Banco Mundial, exigió a los Tonga moverse de sus casas ancestrales a lo largo del Río Zambezi a tierras infértiles aguas abajo. Desde esa fecha el Sr. Scudder ha estado dando seguimiento a su desintegración.

Alguna vez cohesionados y autosuficientes, los Tonga ahora están acosados por hambrunas intermitentes, alcoholismo rampante y desempleo astronómico. Desesperados por ingresos, algunos han acudido al cultivo y tráfico de drogas, caza furtiva de elefantes, proxenetismo y prostitución. Los aldeanos todavía no tienen electricidad.

La más reciente obra del Sr. Scudder como consultor, en la represa Nam Theun 2 en Laos, le trajo su desilusión final. Dos compañeros asesores y él apoyaron el proyecto por que exigía que los financiadores de la represa implementaran programas que dejarían a las personas desplazadas en mejor situación que antes de que el proyecto comenzara. Pero la represa fue terminada en 2010 y los objetivos del programa siguen sin cumplirse. Mientras tanto los tres propietarios de la represa están considerando pasarle todas las responsabilidades al gobierno de Laos –“demasiado pronto” dijo el Sr. Scudder en una entrevista. “El gobierno quiere construir 60 represas en los próximos 20 o 30 años, y ahora no tiene la capacidad para lidiar con los impactos ambientales y sociales de una sola de ellas”.

Nam Theun 2 confirmó mi sospecha de mucho tiempo que la tarea de construir una gran represa es simplemente demasiado compleja y muy dañina para los recursos naturales que no tienen precio” dijo. Él ahora piensa que su más importante logro no fue mejorar una represa sino detener una. El Sr. Scudder dirigió un estudio en 1992 que ayudó a prevenir la construcción de una represa que hubiera dañado el Delta Okavango de Botswana, uno de los últimos más grandiosos humedales del mundo.

Parte de la razón que movió al Sr. Scudder a hacer pública su valoración revisada fue la confirmación encontrada en el alucinante estudio de la Universidad de Oxford publicado en marzo en Política Energética (Energy Policy). El estudio hecho por Atif Ansar, Bent Flyvbjerg, Alexander Budzier y Daniel Lunn, se basa en estadísticas de 245 represas construidas entre 1934 y 2007. Sin siquiera tener en cuenta los impactos sociales y ambientales, que casi siempre son invariablemente negativos y frecuentemente vastos, el estudio concluye que “los actuales costos de construcción de grandes represas son demasiado altos para que produzcan un retorno positivo”.

Los autores del estudio —tres profesores de gerencia y un estadístico—dijeron que quienes planean proyectos están sistemáticamente parcializados hacia un optimismo excesivo, que los promotores de represas explotan con engaños o descarada corrupción. El estudio concluye que en promedio los gastos actuales de las represas eran cerca del doble de las estimaciones realizadas antes de la construcción, y muchas veces más altos que los excesos en otros tipos de obras de infraestructura, incluyendo carreteras, vías del tren, puentes y túneles. En promedio, la construcción de una represa toma 8.6 años, 44% más de lo predicho—tanto tiempo, dicen los autores, que las represas son “inefectivas para resolver las urgentes crisis de energía”.

Las represas típicamente consumen grandes porciones de recursos financieros de países en desarrollo, dado que los planificadores de represas subestiman el impacto de la inflación y la depreciación de las monedas. Muchos de los fondos que apoyan grandes represas llegan como préstamos a los países anfitriones y eventualmente deben ser pagados en monedas fuertes. Pero la gran mayoría de las ganancias de las represas vienen de ventas de electricidad en monedas locales. Cuando las monedas locales caen respecto al dólar, como sucede muchas veces, el peso de esos préstamos crece.

Una razón por la cual esta dinámica ha sido subestimada es que antes los estudios evaluaban el desempeño económico de las represas considerando si los prestamistas internacionales como el Banco Mundial recuperaban sus préstamos—y en la mayoría de los casos, éstos eran pagados. Pero el impacto económico en los países anfitriones era comúnmente atenuado. Los proyectos de represas eran tan grandes a comienzos de los 80s, que los excesos de las represas se volvieron componentes importantes de las crisis de la deuda en Turquía, Brasil, México y la antigua Yugoslavia. “Para muchos países, la economía nacional es tan frágil que la deuda de tan solo una gran represa puede afectar negativamente por completo la economía nacional” me dijo el Sr. Flyvbjerg, el investigador líder del estudio.

Para subrayar este punto, el estudio analiza separadamente la represa gigante de Diamer-Bhasha, ahora en construcción en Paquistán, a través del Río Indo. Está proyectado que costaría $12.7 miles de millones (en dólares de 2008) y su construcción terminaría en 2021. Pero el estudio sugiere que no se completaría hasta 2027 y para esa fecha podría costar $35 mil millones (de nuevo, en dólares de 2008) —un cuarto del producto interno bruto de Paquistán de ese año.

Usando el criterio del estudio, la mayoría de las grandes represas planeadas serían costo-ineficientes. Esto es incuestionable para el complejo Gargantúa del Inga de ocho represas pretendidas a lo largo del río Congo—las dos primeras propuestas han producido inmensos excesos –y para represa de Belo Monte en Brasil de confesados $14 mil millones, que reemplazará forraje de la selva húmeda de la Amazonía con la tercera hidroeléctrica más grande del mundo.

En lugar de construir enormes edificaciones únicas como las grandes represas, los autores del estudio recomiendan “alternativas de energía ágiles” como la eólica, solar y pequeñas hidroeléctricas. “Estamos atrapados en el modo de los 50s cuando todo era hecho de manera muy implícita y manual” dijo el Sr. Ansar por teléfono. “Necesitamos cosas que sean más fácilmente estandarizadas, cosas que quepan en un container y puedan ser fácilmente transportadas”.

Todo esto va directamente en contra del actual boom internacional de construir represas. Las compañías constructoras chinas, brasileras e indias están construyendo cientos de represas alrededor del mundo y el Banco Mundial anunció hace un año que estaba reviviendo una estrategia moribunda de financiar grandes represas. Las más grandes se ven tan seductoras, tan despampanantes que nos ha tomado generaciones para darnos cuenta: Son fuerza bruta, artefactos de la Era Industrial que raramente alcanzan lo que prometen.

Jacques Leslie es autor más recientemente de “Agua Profunda: la Lucha Épica sobre las Represas, las Personas Desplazadas y el Ambiente” (sólo en inglés “Deep Water: The Epic Struggle Over Dams, Displaced People, and the Environment”).

Una versión de esta editorial apareció impresa el 24 de Agosto de 2014 en la página SR5 de la edición de Nueva York con el titular: “Las Grandes Represas simplemente no valen su costo”.